¡Pero vaya post! ¡ En un camping, obvio!
No, perdoname, quizás el título que no es muy explícito y da lugar a salidas varias, pero a mí quise hablar de problemáticas serias cuando no hay el camping y estamos solos en manos de la naturaleza.
Tengo que decir la verdad, a mí gusta muchísimo el camping libre y eso ha desarrollado en mi un fuerte sentido de adaptación y la perspicacia. Hoy veremos cómo montar una tienda a iglú pero, ante todo, vemos cual son los sitios indicados para poderla montar.
La cosa mejor en absoluto, pero también aquella difícilmente practicable, sería ver el sitio designado a nuestra excursión en las peores condiciones posibles. Visto que esto, muchas veces, no será aplicable, tendremos que dar desahogo a nuestra fantasía, pero sobre todo a aquellas señales presentes sobre el terreno que nos harán de indicio. Primera regla es encontrar un pequeño campo más llano posible, sin surcos producidos por la lluvia que se llenarían justo después de dos gotas.
En el caso, elegís la menor inclinación posible, poniendo la cabeza a monte so pena de, o la rodadura nocturna de lado hasta la pared (si sois dos o más imaginadas os amontonados y pisados todos en un lado), o bien no lograréis a chiuder ojo por el malestar causado por el sangre al cerebro. Otra regla: si sois de verano, buscate el sitio bajo la fronda de los árboles. Eso os arreglará del sol pero también de una repentina granizada y del viento muy fuerte y directo (recomiendo de controlar que no hay ramas secas o inestables sobre vuestra cabeza!!!). Lo que apenas hemos dicho no vale por los pinos, los abetos y los coníferos en general ya que su resina os arruinará irremediablemente la lona exterior. En invierno en cambio queda bien la protección lateral del viento de los árboles, (aunque sin hojas los troncos y las ramas rompen egregiamente el flujo), pero tendremos que explotar completamente el calor del poco sol y hacer notar de eventuales socorristas (es necesario prever más acontecimientos posibles) por lo tanto un claro a lado de los árboles es el ideal.
Lógicamente si estamos en alta montaña, dónde no hay árboles, tendremos que preocuparnos de no montarla en el pedregal de un torrente seco o a los pies de una pared (caída piedras!); un pradejón o un claro lejos de las crestas, (atraen rayos!), y conos de detritos bajo las paredes, va muy bien.
Encontrado el sitio y haberlo sumariamente limpiado de las piedras y ramitas varias, os aconsejaría, pero no es estrechamente necesario, de hacer una bonita escolta de hojas secas que posicionar bajo el suelo de la tienda: se dormirá de una comodidad… y sobre todo se habrá aislado del terreno, pero no ponéis pequeñas ramitas so pena de la rotura del suelo mismo.
Bien, ahora empezamos a dar una dirección a la tienda. En el caso de iglú con ábsides es necesario orientarla en la misma dirección del valle en que os encontráis ya que los vientos, sea que vengan de monte, sea que vengan de mar,
seguirán la orografía y la tienda tendrá que ofrecer menos resistencia posible.
Ahora vemos los componentes principal: la lona exterior, la habitación principal, las varillas, los piquetes y los tirantes.
Posicionáis la habitación principal con la entrada orientada en el modo querido y estácala a tierra tirando bien los lados. Componéis las varillas y
enhébrala en las adecuadas guías parándola a los cuatro lados (no os olvidéis tampoco un hilo especialmente aquel de la cumbre!).
Cubrís con la lona exterior, párala al varillas y estácala a tierra desdoblándolo bien y de modo
equilibrado. Posicionáis los tirantes y estacais ellos a no más de 20 cm del bordo de la tienda misma: eso facilitará el paso a lado de la tienda y sobre todo evitará rasgones con el fuerte viento. Los tirantes no sirven a echar la tienda sino a no hacer adherir la lona exterior a la habitación principal con consiguiente pérdida térmica, escaso cambio de aire y posibilidad de infiltraciones. Siempre hemos dicho “piquetes” pero cuál? Aquellos en dotación no les permitirán todas las salidas y se doblarán o no tendrán para nada. Os aconsejo con el tiempo de procurarse muchos tipos: de arena, de terrenal rocoso, etcétera. A veces tendréis que subvenir a la imposibilidad de estacar la tienda (nieve alta, piquetes equivocados), usando lo que madre naturaleza os ofrece (piedras, árboles derrocados, la mochila, los esquís); os adaptais en fin, inventais, creáis.
No hay límites, os puedo asegurarlo. También en caso de destrucción de la tienda basta una lona y un hilo para vivaquear:
Y’ buena norma prever en la mochila un rollo de cinta aislante para arreglar las varillas y de los parches con cola o pegatinas por reparaciones de emergencia alla lona exterior.
Algunos particulares:
elástico integrado en las varillas, varillas de aluminio y fibra de vidrio, piquetes por tierra y clavos por tierra rocosa. Ahora estáis listos a llenar vuestra tienda con el saco de dormir y a gozar de una vacación maravillosa.
¡A la prójima!




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